Cerdeña
Cerdeña se revela ante nuestra mirada como un lugar de contradicciones. Desde el mar nos llegan los primeros impactos de una costa abrupta que no tiene nada que ver con las imágenes de postal de sus famosas costas. Sorprende un paisaje marrón, casi desértico que va transformándose, poco a poco, en lugares repletos de vida, en azules, en rojos, en verdes turquesas que contrastan con el negro de las ropas tradicionales que visten hombres y mujeres en el corazón de la isla. Esta invita a perder el tiempo sentado para contemplar amaneceres y atardeceres silenciosos, serenos, intensos y luminosos que en algunos lugares pueden dejarte marca debido a las legiones de mosquitos que chupan tu sangre ávidos de “savia nueva”. La mirada se pierde en el horizonte de un banco bien ubicado en lo alto, de un mirador o en los murales que salpican la mayoría de los pueblos de interior donde las reivindicaciones no se hacen a gritos sino a golpe de pintura e inteligente crítica escrita que ...

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